Cauces Desconocidos

El imaginario aquí reunido muestra vestigios de una arqueología especulativa: fragmentos de sentido en tránsito, donde lo líquido, lo roto, lo efímero, configuran un espacio de reflexión sobre la materia y la memoria. Hay memorias que no necesitan fijarse en la materia y existe materia que queda impregnada en la memoria. En ambos casos será el tiempo el catalizador artífice de sentido.

Destellos de luz que se refractan al quebrar un espejo. Una fuente en ruinas, indicios en pinturas que son pedazos de imágenes. No lugares de espacios donde espejos rotos se encuentran. El rastro de una comunicación que exalta o anula las emociones. ¿Qué es verdadero y qué es falso?

Las imágenes representan circunstancias de su entorno; gracias a ellas, el sujeto aprende y, en consecuencia, las modifica. Dichas representaciones adquieren significado en relación con las imágenes que las rodean y, a su vez, les otorgan sentido a las demás. En la manipulación de estas imágenes ocurre un artificio mágico, donde las artistas (Sisa y Agustina), operan como videntes intentando esclarecer lo que está oculto, poniendo en contexto situaciones inimaginables dentro de un nuevo espacio transitorio, un umbral. No es verdadero ni falso, no es pasado ni presente, tampoco es aún el futuro, podría ser la huella acústica de un porvenir probable.

Se cuestiona qué es lo verdadero y lo falso, de lo real y lo imaginario. Ante la imposibilidad de escenificar la ilusión, la representamos. El lenguaje puede renunciar a toda manifestación posible y seguir siendo lenguaje, incluso en su dimensión fenomenológica. La materia puede descomponerse, fragmentarse, diluirse, mezclarse, esfumarse y seguir siendo materia. Una imagen, lo mismo.

En los procesos creativos de ambas artistas está presente una metódica investigación por la fragmentación, el re-componer por medio de pedazos espacios que vuelven a configurarse, generando un intersticio en el que ambas se pueden reconocer. 

Sisa Soldati presenta distintas exploraciones sobre el paisaje y lo que quedaría del rastro de la humanidad si ésta se desplazara de él. Una alegoría que oscila entre el paisaje y los códigos hegemónicos de la comunicación actual.

Agustina Fuster trabaja con la transmutación de los estados de la materia, donde el agua y los espejos partidos son la metáfora de lo inasible. Una especie de mística que trabaja con elementos arquetípicos, otras veces una científica que meticulosamente explora todas las posibilidades que brinda un material.

Todo lo que observamos aquí, y hasta donde alcanzamos a mirar, es lo que hay: ruinas y figuras rotas, productos de experimentos, procesos, antojos, deseos, fragmentaciones, ilusiones.

No podemos volcar en imágenes nuestros deseos porque los hemos imaginado, dice Agamben. Sin embargo, seguimos intentándolo. Tal vez, en ese esfuerzo por re-presentar esos indicios de algo futuro, resida el verdadero anhelo de materializarlo.